Dentro de las personas que padecen esta afección existen diferentes grados o niveles de intolerancia a la lactosa. Los humanos podemos digerir la lactosa, un carbohidrato que compone el 5% de la leche, gracias a una enzima llamada lactasa. La producimos de forma natural cuando somos bebés, para poder alimentarnos de leche materna, pero al crecer podemos dejar de producirla.

Desde el punto de vista evolutivo, parece que las poblaciones más al norte de Europa desarrollaron antes la tolerancia a la lactosa, algo que pudo ser una ventaja para nuestros antepasados en zonas de climas más fríos y con menos luz. En cambio, en latitudes meridionales, la leche pudo no ser tan necesaria para sobrevivir y la mutación que permite a humanos adultos digerir lactosa no está tan extendida; aún puede causar algunos problemas digestivos a buena parte de la población: por ejemplo, se calcula que en España más del 30% de la población puede tener ciertas dificultades para digerir ese azúcar de la leche, la lactosa.

Por otro lado, el consumo de leche y sus derivados está muy asentado cultural y comercialmente, por lo que abundan las opciones aptas para personas aptas para personas con esta intolerancia. Veamos algunas opciones:

  1. Lácteos sin lactosa (o con lactasa).
    Se trata de productos de leche de vaca, como los que consume el conjunto de la población, pero a los que se suele añadir lactasa. Es decir, siguen teniendo lactosa, pero se incluye la enzima que rompe ese carbohidrato para que no sea un problema en el aparato digestivo. Las opciones ya van desde leche a quesos untables o en lonchas, yogures, nata, flanes, batidos o incluso arroz con leche.
  2. Bebidas vegetales.
    Se trata de bebidas que pueden funcionar como sucedáneos de la leche líquida. Se elaboran a base de soja, cereales como el arroz o la avena o frutos secos como las almendras. No tienen las mismas propiedades nutricionales de la leche, como el calcio, por lo que puede ser interesante reforzar la ingesta de otros alimentos que contengan este mineral (pescados, legumbres, verduras de hoja verde, brócoli…). También puede ayudar a asegurar nuestros niveles de calcio una buena exposición al sol y hacer deporte de fuerza.
  3. Leches animales y fermentados (con menos lactosa)
    Existen leches animales, como la de cabra u oveja, que tienen menos lactosa que la leche de vaca y ciertas personas las admiten mejor. También hay casos de intolerantes que tienen una mejor aceptación digestiva de los derivados lácteos de estas leches -especialmente aquellos con algún grado de fermentación- como yogures, quesos, kefir, cuajada, etc.