El pollo es uno de los alimentos que más se consume en España. Es una sabrosa alternativa al consumo de carnes más grasas y suele gustar a toda la familia. Además, sus propiedades nutricionales como su alto contenido en proteínas pueden ser muy beneficiosas para el organismo.

A la hora de comprarlo, podemos pedir pollo entero, troceado, en cuartos, pechugas, precocinado… Y es que del pollo pueden aprovecharse muchas de sus partes, incluso algunas que en ocasiones se suelen descartar como las patas o la carcasa.

¿Sabías que el consumo de pollo antes de 1950 estaba asociado con ocasiones festivas y especialmente con la comida del domingo? De hecho, la carne de pollo era más cara que la de cordero, vacuno o cerdo. Hoy, se ha hecho tan popular y asequible, que raro es el hogar que no lo pone entre sus recetas habituales. Te contamos algunos de sus beneficios:

Propiedades del pollo

Bajo contenido en grasa y kilocalorías. Además, la parte grasa es visible y se puede eliminar con facilidad.

Pocos ácidos grasos saturados, lo cual es muy positivo desde el punto de vista cardiovascular.

Es rico en proteínas de alto valor biológico.

Aporta minerales como fósforo, potasio y hierro de fácil asimilación, que contribuye a la formación de glóbulos rojos.

Contiene vitaminas esenciales del grupo B (B1, B2, B3 y B6) que son buenas para el cerebro y para sentirnos menos cansados.

Todo esto lo convierte en un alimento muy saludable para los niños, ya que fortalece su sistema inmunitario y los ayuda en la formación de sus huesos y dientes. Pero es que además, resulta muy adecuado tanto para personas mayores para evitar déficit de proteínas como para deportistas que quieran llevar una dieta sana y equilibrada.

Qué partes elegir

Las pechugas de pollo y los muslos son algunas de las partes que más solemos consumir, seguramente porque son las zonas que menos grasa tienen además de un alto contenido en proteínas. De hecho, la cantidad de grasa en realmente pequeña en las partes magras (2,8 gr por cada 100 gr de alimento).

Las alas del animal son una de sus partes más sabrosas, aunque aquí el porcentaje de grasa sube ya a un 16%.

Pero más allá de estas tres partes más habituales, también podemos pedir jamoncito de pollo, contramuslo, para cocinarlo guisado o a la plancha con verduras, cuartos traseros para hacerlos en barbacoa…

De hecho, en cocina se pueden aprovechar incluso aquellas partes que habitualmente se suelen descartar:

El obispillo o tajada de la reina es para muchos la parte más deliciosa del pollo.

Es cierto que la piel puede llegar a tener hasta unos 48 gr de grasa por cada 100 gramos. Sin embargo, con ella se pueden preparar por ejemplo crujientes y servirlos en forma de canapés.

La carcasa. Es perfecta para elaborar sabrosos caldos. Una comida muy reconfortante y que además tiene propiedades antiinflamatorias y calmantes.

Con la grasa del pollo se pueden confitar patatas o sustituirla por la grasa de cerdo.

Y la joya de la corona: las patas. No todo el mundo sabe que esta parte del pollo es muy saludable gracias a los nutrientes y vitaminas que aporta al organismo. Entre las bondades que les adjudican, están que combaten problemas articulares y óseos, rejuvenecimiento de la piel por su contenido en colágeno, son beneficiosas para el estómago, ayudan a luchar contra la gripe y el catarro…

¿Y si aun así te sobra carne? ¡Pues a preparar croquetas!

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