La diabetes es un trastorno metabólico crónico caracterizado por la presencia de hiperglucemia (alta concentración de glucosa en sangre) como resultado de una falta o insuficiencia de insulina (hormona fabricada por el páncreas que regula los niveles de glucosa y ayuda a metabolizarla en energía).

Es una patología que representa un importante problema de salud pública. Su incidencia es de unas 400.000 personas nuevas cada año y su prevalencia (número total de casos) es del 13,8% en mayores de 18 años, en España. De todos ellos, unos 3 millones están diagnosticados, pero 2,3 millones desconocen que lo son (un 43% del total) y cuanto más temprano sea el diagnóstico el tratamiento es más eficaz.

Tipos de diabetes

Diabetes Tipo 1: Se presenta en la edad infanto-juvenil. En este tipo de diabetes el páncreas no genera insulina y el tratamiento consiste en proporcionarla de manera artificial. Es fundamental que lleven una vida activa (con ejercicio regulado) y una dieta controlada. No es fácil que un niño/a comprenda, en esa etapa de su vida, que está enfermo/a, pero una vez esté comprendido y normalizado, son muy responsables controlando los niveles y su pauta de insulina.

Diabetes Tipo 2: Es la más frecuente y se presenta en edad adulta, con especial incidencia en el sexo masculino. Suele tener una base o predisposición genética, pero modulada e influenciada también por los estilos de vida; el sedentarismo, la dieta inadecuada y el sobrepeso o la obesidad, son capaces de desencadenarla.

Complicaciones y síntomas

La diabetes suele asociarse con la obesidad central, es decir, el depósito de grasa en la zona abdominal. Esto no quiere decir que todos los diabéticos tengan sobrepeso, ni que todas las personas con sobrepeso vayan a desencadenar una diabetes, pero se observa entre ambas situaciones una relación estrecha.

También es frecuente que la diabetes se presente asociada a otras patologías, como la hipertensión, el aumento de colesterol, el tabaquismo y la asociación de estas patologías aumenta exponencialmente el riesgo de problemas y mortalidad cardio-vascular.

En general, los síntomas de la diabetes pasan desapercibidos, porque son comunes: tener mucha sed, hambre y orinar muchas veces, suelen ser los habituales. Lo normal es que el diagnostico sea casual, tras hallar glucosa elevada en un análisis de sangre, y en el menor de los casos que se presente con una complicación aguda de algún tipo de coma diabético.

Lo que debe preocuparnos en un diabético una vez descubierto, es el buen control de su glucosa, para que no se presenten complicaciones. Estas suelen aparecer a largo plazo y afectan al territorio vascular: retina, riñón, corazón, pequeñas arterias de las extremidades (dolor en los gemelos al caminar), alteraciones de la sensibilidad (pie diabético), etc.

De no controlarse adecuadamente, a largo plazo, la presencia continua de glucosa alta en la sangre puede provocar alteraciones en la función de diversos órganos, especialmente los ojos, los riñones, los nervios, el corazón y los vasos sanguíneos.