Las espinacas, como otras muchas verduras de hoja verde, son perfectas como base de una alimentación saludable. Una de sus propiedades más destacables es su alto contenido en betacarotenos, ya que casi le pisa los talones a las poderosas zanahorias. Los betacarotenos parecen ser un buen aliado para la piel, ya que son una ayuda eficaz para proteger la piel de personas con algunos trastornos de sensibilidad al sol.

Sin embargo, como ocurre con otras verduras, sus propiedades pueden verse alteradas en función de cómo sean consumidas. El debate sobre si es mejor comerlas crudas o cocinadas parece haber evolucionado hacia cuáles son sus diferencias, ya que ambas opciones tienen sus ventajas. Por una parte, las verduras crudas mantienen intactas algunas propiedades que se pierden si sus nutrientes son sometidos a temperaturas elevadas. Por otro lado, el calor hace que se eliminen algunos problemas de ciertos vegetales y se potencie su efecto beneficioso.

Crudas, más vitaminas

En el caso de las espinacas, consumirlas crudas puede ser una buena forma de proteger su alto contenido en vitamina C. La espinaca cruda también tiene menos calorías aún que la cocida y parece retener mejor los folatos, que se pierden en gran parte durante la cocción. Otra ventaja de comerlas crudas tiene más que ver con nuestros gustos, ya que es una forma de mantener su textura crujiente, muy placentera en ensaladas o guarniciones.

En este caso, como con otras verduras, es muy necesario lavarlas a fondo en agua abundante.

Cocinadas, más minerales

Por otro lado, si las cocinamos, obtendremos una mayor concentración de minerales, aunque afectará negativamente a las vitaminas. Elementos como el calcio, el hierro o el magnesio se absorben mejor si calentamos las verduras.

Tampoco es indiferente la forma en que las cocinemos. Cocerlas en agua abundante es quizá la forma de desperdiciar una cantidad mayor de ventajas. De hecho, en este caso sería recomendable recuperar el agua de la cocción y usarla, por ejemplo, como bebida. Si queremos cocinar espinacas, y otras verduras, potenciando algunos de sus efectos sin deteriorarlas, las mejores opciones serían cocer muy brevemente al vapor, saltear ligeramente en la sartén o darles un golpe de microondas.

Dado que ambas opciones, comerlas crudas o comerlas cocinadas, muestran propiedades diferentes, la solución evidente es alternar ambas opciones en diversas ocasiones. En cualquier caso, las pequeñas pérdidas quedan superados por las grandes ventajas de consumir verduras, hortalizas y frutas en abundancia.