Según la Fundación Española del Corazón (FEC), la hipertensión arterial (HTA) es el aumento crónico de la presión con la que circula la sangre dentro de las arterias –medido en milímetros de mercurio- hasta valores iguales o superiores a 140 mm de Hg (mercurio) de presión sistólica y 90 mm de Hg de presión diastólica.

Conocemos como tensión alta a la presión sistólica: la presión con la que sale la sangre de nuestro corazón con el movimiento de bombeo que se llama sístole.

La tensión baja o diastólica: aquella con la que la sangre regresa al corazón y éste la recibe con otro movimiento llamado diástole.

Pueden ser secundarias a algún problema renal, endocrino etc. pero en general es de causa desconocida y aumenta su incidencia según va aumentando la edad, pues nuestras arterias se endurecen y estrechan, aumentando la presión de la sangre que circula por ellas.

Es frecuente que se asocie con la obesidad (sobre todo en la zona abdominal), el tabaquismo, el sedentarismo, y en muchos casos con un aumento de colesterol y/o triglicéridos, así como del incremento de la glucosa o diabetes. Cuando aparecen todos estos factores de riesgo a la vez se denomina síndrome metabólico, y la posibilidad de padecer hipertensión aumenta de forma exponencial.

Una enfermedad que no avisa

La hipertensión arterial no da síntomas, en algunos casos debuta con una cefalea o dolor de cabeza, sobre todo en la zona occipital. En la mayoría de los casos es un hallazgo casual cuando nos tomamos la tensión.

Es importante que nos tomemos la tensión regularmente, sobre todo a partir de los 40 años; aunque puede aparecer a cualquier edad, como nos recuerdan desde la FEC; y más aún si se padece alguno de los factores antes mencionados o se está sometido a mucho estrés.

La presión elevada va dañando al territorio vascular y, al igual que la diabetes y los lípidos o grasas elevadas, nos ocasiona anginas de pecho, infartos, insuficiencia renal o accidentes vasculares cerebrales, con consecuencias y déficits transitorios o permanentes (fallos motores, de sensibilidad, en el habla, etc.).

Dieta y consejos para combatir la hipertensión arterial

¿Qué debemos hacer si tenemos la tensión elevada? Lo primero, acudir al médico de atención primaria que nos indicará las pruebas complementarias que habrá que hacer y la medicación que considere oportuna, si fuera necesario.

Además de los consejos médicos, para regular la hipertensión arterial hay que poner en práctica estos hábitos saludables:

Dejar el tabaco.

Hacer ejercicio físico moderado y adecuado a la edad y al estado físico de cada uno.

Valorar si existe sobrepeso y adelgazar con una dieta equilibrada baja en calorías. Según diversos estudios, bajar entre un 5-10% del peso corporal disminuye la tensión arterial unos 2mm de mercurio.

Disminuir el consumo de sodio. Para ello comenzamos bajando la ingesta de sal refinada -mejor usar pequeñas cantidades de sal sin refinar- y complementar con hierbas aromáticas, limón o vinagre de manzana para potenciar el sabor.

Evitar los alimentos ricos en sodio: patatas chips, embutidos, precocinados, comida preparada, alimentos en conserva, salazones y salmueras.

Aumentar los alimentos ricos en potasio: frutas, verduras y hortalizas que tienen un efecto vasodilatador y ayudan a eliminar el sodio. Algunos alimentos a tener en cuenta: coliflor, remolacha, alcachofa, limón, plátano, agua de coco, ajo, cebolla, cereales integrales, cacao o chocolate negro, etc.

Lácteos desnatados: hay estudios recientes que aseguran que el consumo de lácteos favorece el control de la hipertensión.

Utilizar formas de cocinado simples y saludables: vapor, cocido, horno, plancha, etc.

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