No hace mucho, los huevos eran considerados un alimento poco saludable. La cantidad de colesterol que contienen (400 mgr por cada 100 gr.) -prácticamente concentrado en la yema– lo convirtieron en un producto poco menos que ‘desterrado’ en las dietas sanas. De hecho, se llegó a relacionar su consumo con problemas cardiovasculares. Pero nada más lejos de la realidad.

Hoy se sabe de manera fehaciente que, aunque contiene colesterol y grasas saturadas, el consumo de huevos aporta numerosos beneficios para la salud: tiene una mayor proporción de grasa poliinsaturada beneficiosa para el organismo, y también atesora gran cantidad de lecitina, un lípido que dificulta el depósito del colesterol en las arterias.

Estos descubrimientos han variado el concepto que se tenía hasta hace pocos años del huevo y, en la actualidad, es un alimento que no debe faltar regularmente en una dieta saludable. Además, es un producto que admite múltiples y sanas formas de preparación: en tortilla, revueltos, duros, rellenos, a la plancha, al horno, etc.

¿Son todos los huevos iguales?

Existen distintos tipos de huevos, atendiendo a la alimentación y forma de criar a las gallinas, que se pueden distinguir fácilmente por el número que aparece impreso en el envase y/o estampado en la cáscara.

Entre ellos, destacan los huevos ecológicos, cuya producción se rige por la normativa CEE 2092/91. Son huevos procedentes de gallinas criadas en libertad y cuya alimentación se basa en piensos de cereales de agricultura ecológica y procedente de campos libres de abonos químicos y plaguicidas.

La diferencia de gusto es algo muy personal. La pregunta clave es si su calidad, en términos nutricionales, culinarios y de salud, varía entre unos y otros tipos de huevos en función de la variabilidad de su precio. En este sentido, existen dos vertientes:

No hay evidencias científicas que indiquen diferencias nutricionales ni organolépticas significativas. Es decir, no hay un tipo de huevo más saludable que otro, ya que todos aportan los mismos nutrientes y son seguros desde el punto de vista microbiológico, ya que han pasado los controles pertinentes.

Otros expertos, a su vez, argumentan que la calidad de vida de las gallinas -sobre todo el control de su alimentación- mejora la composición nutricional del huevo, en especial el contenido y calidad de su grasa: una mayor cantidad de grasa poliinsaturada y vitaminas liposolubles disueltas en ella.

Una vez conocidos estos datos el consumo de cada tipo de huevos queda a elección del consumidor. En un próximo post explicaremos con detalle la composición nutricional del huevo.