El kéfir es un alimento cuyo consumo se ha popularizado en los últimos meses ya que ofrece múltiples beneficios para el organismo, en especial para el cuidado del aparato digestivo y la flora intestinal.

Se trata de una masa biótica o bebida láctea probiótica fermentada que podría englobarse dentro de los alimentos funcionales que la sociedad demanda para proteger su salud. Es decir, se le atribuyen propiedades saludables más allá de su propio valor nutricional.

La textura del kéfir es gelatinosa (de aspecto similar al requesón) y se caracteriza por su alto contenido en probióticos (microorganismos vivos beneficiosos para la salud). En este caso actúan dos tipos de microorganismos:

Bacterias no patógenas (lactobacilos)

Levaduras (sacaromyces y cándidas)

Los probióticos contenidos en el kéfir, tomados con asiduidad, producen un efecto acumulativo que sanea nuestra flora intestinal. Esta se puede ver perjudicada por muchos motivos: dieta incorrecta, estilo de vida, medicamentos, etc.

Existen dos ‘recetas’ para realizar kéfir: la clásica, que se hace con leche entera, y la corriente más actual, que utiliza agua como base para la fermentación.

Agua kefirada

Las bacterias fermentan en agua con azúcar (estevia, miel o fruta). El resultado es una especie agua carbonatada con presencia de probióticos, cuyo sabor dependerá de las frutas o especias con las que queramos aromatizarlo.

Leche kefirada

Es una leche fermentada -similar al yogur- cuyo consumo se remonta a más de 300 años, en la región del Cáucaso. Allí se dieron cuenta que la leche que tenían almacenada en pieles de cabra sufría una doble fermentación y la leche cambiaba de sabor.

Aunque se asemeja al yogurt tiene una diferencia básica con este: el kéfir contiene levaduras que realizan esa segunda fermentación, lo que enriquece su valor en probióticos y produce el gas que le aporta su característico sabor.

Beneficios del kéfir: una digestión feliz

Tiene todos los beneficios de un vaso de leche entera (por 100 gr.): 3,6 gr de grasa, 4,5 gr de hidratos de carbono (azúcar), 3,5 gr de proteínas.

Vitaminas: sobre todo del grupo B (b1, B5, B12 y B9 o ácido fólico) y Vit K. Minerales: calcio, magnesio y fósforo

y de los probióticos que mejoran el equilibrio de nuestra flora intestinal

Mejora la permeabilidad intestinal, disminuyendo la absorción de sustancias antigénicas que podrían dar lugar a reacciones alérgicas. Podemos decir que mejora las alergias, pero sin grandes milagros, pues la flora no cambia de un día para otro.

Durante la fermentación y acidificación de la leche se pierde gran cantidad de lactosa, por ello hay mucha gente que la digiere mejor que la leche, pero no deben tomarlo aquellos consumidores con intolerancia a la lactosa.

Ni engorda, ni adelgaza (tiene las 63 kcal por 100 gr), se recomienda un vaso al día y mejor en ayunas para optimizar el efecto de los probióticos.

Precaución: aquellas personas con distensión abdominal (puede aumentar los gases) y con las defensas bajas.

Actualmente podemos comprar esta leche fermentada o hacerla en casa, siempre cuidando unas mínimas condiciones higiénicas. En BM supermercados podrás encontrar diferentes opciones de yogurt de kéfir.