La sal es uno de los ingredientes más importantes y utilizado en nuestras cocinas, ya que es un excelente potenciador del sabor de los alimentos. Aunque existen otros ingredientes y especias que pueden suplirla, la sal se ha vuelto imprescindible en nuestros platos. Eso sí, siempre con moderación… ¡que no se te vaya la mano con el salero! 😉

Actualmente existe una gran variedad de sales: ¿alguna vez te has parado a pensar en las diferencias entre ellas? En general, lo que cambia es su sabor e intensidad y es la proporción de los minerales que contienen la responsable de esta diferencia.

Según la técnica de extracción, la zona geográfica, el color, la textura o su composición podemos distinguir diferentes tipos de sal:

Sal refinada (común o de mesa). Es la más utilizada y se compone básicamente por cloruro sódico (entre el 97-99%). Sin impurezas y casi sin minerales -por el refinado-, aunque suele estar enriquecida con yodo.

Sal marina. Se extrae mediante la evaporación del agua del mar y está menos refinada que la sal común, lo que hace que tenga un alto nivel de sodio y otros minerales: cloro, yodo, calcio, potasio, magnesio, hierro y zinc. Hay muchas variedades, alguna incluso contiene algas marinas.

Flor de sal. Está considerada un producto gourmet muy valorado por los chefs profesionales. Se extrae manualmente de las salinas. Un ejemplo lo tenemos bien cerquita: el Valle Salado de Añana (Álava) y su conocida sal de Añana, aunque hay muchas más. Se suele usar para condimentar platos y productos ya cocinados por su textura suave y su delicado sabor, al ser baja en sodio (no debe exceder de 93%).

Sal céltica (o sal gris por su color). Se obtiene de manera artesanal secándola al sol. También es baja en sodio y rica en otros minerales.

Sal Maldon. Es un tipo de sal marina que se presenta en forma de escamas. Es ideal para ensaladas y carnes, añadida directamente sobre el producto cocinado. Es muy versátil: se usa para sazonar, para maceraciones e incluso para hacer cocteles.

Sal rosa del Himalaya. Es un tipo de sal de roca que se caracteriza por su pureza. Se extrae de las minas de sal de las montañas de Paskistán y destaca por su contenido en hierro, lo que le aporta su característico tono rosado. Una de sus variantes es la sal negrade extracción más común en la India– que también es rica en azufre y magnesio.

Sal marina o sal de roca, las mejores opciones

Una vez que hemos repasado los tipos de sal más conocidos toca elegir la mejor. Tanto la sal marina como la sal de roca (es decir, aquellos tipos de sal sin refinar), son las opciones más saludables para condimentar tus platos. Estos sus beneficios más importantes:

Aportan alrededor de 80 minerales esenciales.

Optimizan las funciones cerebrales y previene las enfermedades

Favorecen el sistema inmunológico.

Contribuyen a regular los niveles de azúcar en sangre.

Promueve la expulsión de las toxinas.

Mejora la circulación.

Producen un efecto antiinflamatorio.

Reducen los calambres musculares.

Mejoran la digestión.