El refranero popular lo deja bien claro: “calabazas coloridas, en otoño recogidas”. La llegada del otoño trae consigo la vuelta de algunos productos de temporada que conviene tener en cuenta a la hora de llenar nuestra cesta de la compra. Entre ellos se encuentra la calabaza, una hortaliza digestiva, sabrosa y cargada de nutrientes.

Aunque hoy en día es común encontrarla durante más tiempo, esta es la época ideal para disfrutar de la calabaza en su máximo esplendor, ya que se recolectan a finales de septiembre y, sobre todo, durante el mes de octubre.

La planta de la calabaza (Cucurbita máxima) es originaria del continente americano y pertenece a la misma familia que la del calabacín, el pepino, la berenjena, el melón o la sandía (Cucurbitáceas). Aunque hay diversas variedades, en general la calabaza tiene una pulpa dulce y repleta de semillas o pepitas (que también tienen un gran poder nutricional), así como una cáscara dura que favorece su conservación.

La pulpa de la calabaza es muy apreciada por ser rica en agua y baja en calorías (unos 26 kcal. por cada 100 gr.). Además, contiene una gran cantidad de vitaminas (sobre todo del tipo A y C, folatos y otras vitaminas del grupo B), así como minerales esenciales (entre ellos, potasio, fósforo y magnesio), hidratos de carbono (5 gr.) y fibra (1 gr.).

Calabaza: fea por fuera, muy buena por dentro

A pesar de la malvada sonrisa que suele lucir como adorno de Halloween (festividad que se celebra el 31 de octubre, Víspera de Difuntos), lo cierto es que la calabaza encierra un corazón de lo más bueno y saludable. Estos son algunos de sus beneficios:

Es antioxidante: la vitamina B favorece el buen metabolismo celular.

Refuerza el sistema inmunitario: su combinación de minerales y vitaminas (E y C) ayuda a prevenir gripes y catarros.

Protege el sistema cardiovascular: reduce la hipertensión arterial y el colesterol.

Cuida el aparato digestivo: es digestiva (está recomendada en casos de gastritis y úlcera gastroduodenal) y su contenido en fibra previene el estreñimiento.

Beneficia la salud ocular y la piel: su riqueza en carotenos y vitamina A ayuda a prevenir enfermedades oculares.

Ayuda al aparato urinario: previene la cistitis, los cálculos renales, la retención de líquidos o la insuficiencia renal.

Cuida la piel y ayuda a mantener el bronceado: las vitaminas A y C mantienen la piel en buen estado y aumenta la melanina (como otras verduras naranjas o amarillas).

Favorece la actividad muscular (potasio).

Fortalece huesos y dientes (fósforo, magnesio, etc.).

Una hortaliza ‘multiusos’ en la cocina

La calabaza tiene infinitas aplicaciones en la cocina: crema, puré, ensalada, guarnición, pastel, confitura, pan, etc.; y admite múltiples cocinados, tanto dulces como salados: al horno, al vapor, hervida, salteada, frita, gratinada, etc. Eso sí, conviene no pasarse en la cocción (máximo 20 minutos) para preservar sus nutrientes.

La receta más sencilla y rápida; una deliciosa crema de calabaza (calabaza, zanahoria, puerro, patata, aceite, agua y sal). También puedes probar a hacer unas ricas y saludables verduras salteadas con calabaza, o si te va innovar, puedes probar el hummus de calabaza (asa la calabaza con garbanzos y/o judías blancas, bien condimentados, y tritúralos hasta tener una pasta).

Otra opción es hacer una sabrosa fondue de calabaza (una crema de calabaza a la que sólo hay que añadir mantequilla, nata líquida y queso manchego). Aunque si tenemos que elegir te recomendamos algo más elaborado: calabaza a la plancha con parmesano y vinagreta de almendras o un cremoso de arroz y roquefort con calabaza. ¡Exquisitos!