Aunque pertenecen nutricionalmente al grupo de verduras y hortalizas, en realidad una alcachofa es un conjunto de flores unidas por un pedúnculo, cuyas partes comestibles son el receptáculo o corazón y las hojas protectoras que rodean la flor.

Se cultivan en zonas templadas y no demasiado húmedas, sobre todo en torno al Mediterráneo, de donde son originarias, y parece que ya formaban parte de la dieta habitual de griegos y romanos, aunque fueron los árabes quienes, en la Edad Media, extendieron el consumo de alcachofas por toda Europa.

Hoy en día las alcachofas juegan un papel fundamental a la hora de llevar un estilo de vida saludable y son básicas tanto en las dietas depurativas como en las dietas equilibradas en general. No tengas reparos en repetir este plato en tu dieta semanal, porque su aporte calórico es mínimo (43 Kcal / 100 gr.), por no hablar de su prácticamente nulo aporte de grasas (0,12 grs).

Por lo tanto, resulta un alimento ideal para aquellas personas que quieran perder peso o que tengan el colesterol elevado. Además, contienen gran cantidad de nutrientes, entre ellos destacan minerales como el potasio (353 mg.), fósforo (130 mg.), sodio (47 mg.), calcio (53 mg.) y magnesio (26 mg.); así como vitaminas C (7,6 mg.), B1 (0,16 mg.), E (0,19 mg.), A (retinol, 8 µgr) y niacina (0,9 mg.).

A su vez, las alcachofas son digestivas y su contenido en fibra (10,7 gr.) ayuda al tránsito intestinal. Sin embargo, tampoco conviene abusar, ya que ese aporte de fibra puede producir flatulencia en algunos casos, en especial a las personas propensas a ello.

Alcachofas: desintoxicantes y hepatoprotectoras

Las alcachofas también son muy ricas en cinarina, una sustancia que aumenta la secreción de bilis en el hígado (efecto colerético) y, a su vez, aumenta su eliminación por la vía biliar (efecto colagogo). Con esto se logra una mejor digestión de las grasas, lo que se traduce en un efecto desintoxicante y hepatoprotector.

Además, la cinarina aumenta la producción de orina y la eliminación de urea, es decir que también tiene un efecto depurativo y diurético. La asimilación de la cinarina se ve potenciada por el ácido málico, láctico o glicólico que también está presente en la alcachofas.

¿Cómo preparo las alcachofas para que no pierdan sus propiedades?

Crudas: el corazón de las alcachofas puede consumirse sin cocinar en ensalada, aliñadas con un poco de aceite de oliva virgen extra.

Asadas: tanto a la plancha como en el horno. En estos casos es mejor no quitarles las puntas, pues contribuyen a mantener su humedad y que no se sequen.

Al vapor: es una maravillosa forma de cocinado en la que no se pierden los nutrientes.

Cocidas, en este caso siempre hay pérdidas de minerales y vitaminas, por ello se aconseja aprovechar luego el caldo.