Para muchos las sentadilla es uno de los mejores ejercicios para trabajar toda la pierna. Aunque hay muchos entrenamientos para el tren inferior, sin duda las sentadillas son de los ‘fijos’ en la mayor parte de circuitos y rutinas de entrenamientos recomendados.

Y no es para menos, las sentadillas son ideales para desarrollar la musculatura y ganar fuerza, además de mejorar el equilibrio y la coordinación. Pero si en algo coincidirán la mayor parte de preparadores físicos o entrenadores es en afirmar que son el ejercido definitivo para fortalecer los glúteos.

No obstante, se debe seguir una técnica adecuada para aprovechar todo su potencial. Aquí es donde entra en juego la llamada wall facing squat o sentadilla cara a la pared. Se trata de una técnica que, además de convertirse en el último reto viral en el terreno del fitness, se ha revelado como la mejor forma de asegurarse de que las sentadillas se hacen como es debido.

La sentadilla perfecta

¿En que consiste el wall facing squat o wall squat drill? Es sencillo. Primero hay que colocarse cara a la pared, con las piernas separadas, tobillos y hombros alineados y con la punta de los pies levemente hacia el exterior. Los brazos pueden estar elevados o a los lados durante el ejercicio.

La clave de este ejercicio es mantener la postura a pesar de la falta de espacio: hay que flexionar las rodillas hasta que el muslo esté paralelo al suelo. El tronco debe permanecer  vertical y no deberíamos llegar a tocar la pared (indicaría que hemos inclinado el torso o adelantado las articulaciones), ni despegar los pies del suelo. Por supuesto, si nos desequilibramos hacia atrás tampoco lo estaremos haciendo bien.

Como hemos apuntado más arriba, con este ejercicio trabajas gran parte del tren inferior, pero también se benefician otras partes del cuerpo, como las lumbares, la cadera y los tobillos, que ganarán en flexibilidad, movilidad y elasticidad.