Si eres padre o madre y te gusta el running no dudes en pasar más tiempo con tus hijos practicando este saludable deporte: ¡sois el mejor ejemplo para que se aficionen a correr!

En el anterior post te dábamos algunos consejos para comenzar a practicar running con tus hijos, una acción -la de correr- que está interiorizada en los críos desde pequeños y que contribuye con múltiples beneficios para la salud física y mental, siempre que se practique con moderación.

Pues bien, toca repasar algunas pautas para que correr sea un placer para toda la familia. Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de practicarlo con otras personas, y sobre todo si son peques, es la intensidad. ¡Ajústala al nivel físico de los demás!

Y es que el rechazo a practicar deporte, en muchas ocasiones, puede venir provocado por una excesiva exigencia de los padres/entrenadores. El deseo de que les guste el mismo deporte que a nosotros (extrapolable a casi toda afición y al ámbito académico), incluso el sueño de que triunfen como deportistas, puede llegar a ser contraproducente.

Por eso, una de las recomendaciones que recoge la FEMD para evitar el “abandono” de una práctica deportiva es que no se estimule una especialización precoz y, sobre todo, que no sea un deporte intensivo.

Lo mejor es que prueben distintas actividades deportivas para garantizar que encuentran la que mejor se adapte a ellos. En este sentido, la OMS recomienda al menos 60 minutos de ejercicio aeróbico al día para niños entre 5 y 17 años, y mejor si se alternan diferentes disciplinas.

La edad marca el ritmo

Pero si se sienten cómodos practicando running (recuerda que sois el modelo a seguir: si te ven correr es probable que se interesen por ese deporte), podemos introducir rutinas progresivas en función de la edad divididas en tres fases:

  • De 5 a 10 años: apelamos al principio de diversión e intentamos integrar el running en los juegos del día a día, sin buscar objetivos o marcas. El mantra es: “si no es divertido no mola”.
  • De 10 a 16 años: los expertos coinciden en señalarla como la fase más impulsiva. Los chavales corren sin ponerse límites físicos -no saben dosificar las fuerzas- así que hay que afinar nuestra cara faceta más didáctica introduciendo algunas técnicas de carrera.
  • A partir de los 16 años: los progresos son muy rápidos. Es momento para plantear objetivos -alguna competición o carrera popular- y carreras más largas –entorno a 5 km.- siempre en función del entrenamiento y la condición física del adolescente.

Trucos para tener al peque corriendo a tu lado  

En la primera fase no podemos obligarle a hacer mucho esfuerzo. Como hemos dicho, aquí prima la diversión y la experimentación. Prueba a ‘retarle’ a correr los sábados y domingos hasta la panadería y volver, y después disfrutáis de un desayuno saludable: tostadas integrales y fruta, por ejemplo. De este modo asociará un almuerzo en familia con salir a correr.

También puedes a jugar a ‘pillapilla’ en el parque o hacer pequeñas carrera de un punto a otro a modo de ‘desafío’: “A que llego antes a ese banco… una, dos, tres, ¡ya!”. Además, si le llevas a ver alguna carrera puedes despertar su curiosidad sobre el running, mientras le explicas en qué consiste y por qué corren.

El siguiente tramo de edad es crucial para su aprendizaje y para que el running cale en ellos. En esta etapa ya pueden correr de manera regular, pero deben ser carrera de corta duración ya que la sensación de fatiga en niños y adolescentes es más rápida (de 30-45 minutos y no sobrepasar los 7-9 km/h.).

También hay que aplicarse en la planificación para evitar pasarse o quedarse cortos y que no les resulte un deporte atractivo. Proyecta con ellos salidas cortas por el parque o una zona de paseo. Si en cada nueva salida incrementas un poco la ‘meta’, servirá de incentivo para la siguiente.

Asimismo es significativo que aprendan a hidratarse y a llevar una dieta saludable: deben ser conscientes de que haciendo deporte tienen que beber regularmente aunque no tengan sed -sobre todo con calor- y alimentarse con productos saludables si quieren ganar fuerza para llegar más lejos.

Por último, un punto fundamental que todo padre y madre tiene que tener en cuenta es que sus hijos pueden llegar a perder la afición a correr, aunque hasta ese momento haya sido una de sus actividades favoritas. Puede pasar en cualquier etapa y no hay una respuesta concreta, simplemente puede perder el interés o sentirse atraídos por otros deportes. Lo mejor es respetar su decisión, pueden retomarlo más adelante.