Entre las diferentes fases por las que atraviesan los bebés durante el proceso de crecimiento se encuentra el desarrollo de la motricidad fina. Este término engloba aquella motricidad que permite a los peques realizar tareas precisas -sobre todo con los brazos, manos y dedos– y que requiere una especial coordinación óculo-manual y neurológica.

El desarrollo de esta habilidad es importante para el aprendizaje y el desarrollo de la inteligencia de los peques. Con ella comienzan a descubrir el entorno y experimentar con los objetos que les rodean: manipular, agarrar, colocar, lanzar, etc. Son actividades que van mejorando conforme crecen.

Existen distintas propuestas dirigidas a impulsar y perfeccionar la psicomotricidad fina, y la mayoría de actividades se plantean como juegos. De este modo, además de divertirse los peques adquieren destreza en las manos y dedos, a la vez que trabajan la conexión viso-manual. Estas son algunas de ellas:

Comer con las manos (Baby-Led Weaning)

El Baby-Led Weaning es una de las mejores tareas para estimular la habilidad con las manos. Además de aprender a gestionar su propia alimentación, el bebé potencia el movimiento de “pinza” con el dedo índice y el pulgar. A medida que crece –habitualmente a partir de los 12/18 meses- se puede ir introduciendo cubiertos que afinaran su coordinación.

Hacer trazos

¿Quién no ha jugueteado alguna vez a dibujar con el dedo sobre la arena u otros elementos? ¡Pues ya tienes una idea fantástica para enseñar a tus peques! Un poco de harina o sal sobre la mesa y ya tienes un lienzo que para si lo quisieran Velázquez o Picasso 😉

Pintar con los dedos

Hablando de pintura, una de las actividades más divertidas y con la que mejor se despierta la creatividad de los peques es pintar con los dedos. Dirígeles al principio y después déjales experimentar. Eso sí, hay que estar preparados para aguantar una oleada de lavadoras y coladas 😀 Aunque hay pinturas especiales para niños, puedes fabricar tu propia pintura casera mezclando harina sal, agua y colorantes alimenticios.

Manipular plastilina

La plastilina es un juego universal que gusta a prácticamente todos los peques. Les encanta aplastar y moldear diferentes figuras geométricas. A medida que crecen pueden fabricar elementos más complejos: monigotes, coches, casas, etc. Prueba a hacer un ‘modelo’ y que lo copie tu peque, ¡un reto! Como alternativa puedes hacer arcilla casera con bicarbonato de sodio, maicena y agua.

Puzzles y encajables

Hay infinidad de juguetes tradicionales que fomentan la conexión óculo-manual y neurológica. Muchos de ellos incluso los podemos fabricar nosotros mismos, como los cestos sensoriales o ‘de los tesoros’ o los puzles y encajables de figuras geométricas. También son interesantes los bloques de construcción, aunque lo cierto es que cualquier objeto domestico inofensivo puede servirte para para trabajar la motricidad fina: cajas, pinzas, botes, etc.

Mímica

Otra opción para estimular los movimientos de las manos y los dedos es a través de la mímica, ¡mejor si se hace acompañada de canciones! Puedes imitar los movimientos de animales (un león o gato, un pájaro, etc.) o acciones (coger un vaso, tocar el piano o una trompeta, contar con los dedos, etc.). ¡La imaginación al poder!

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