El momento del baño puede ser uno de los más reconfortantes para un bebé. Manteniendo siempre la vigilancia y la seguridad, esos minutos pueden ser muy fructíferos para ellos ya que terminan de formar el 85% de su cerebro en los primeros tres años de vida. Por eso, además de divertirse, tu bebé puede descubrir y sentir muchas cosas durante el baño. Esto es lo que puedes hacer y lo que tu peque puede llevarse:

Desarrollo social y emocional

  • Sus pequeños logros, como exprimir una esponja o provocar salpicaduras a propósito, pueden ser celebrados. Si muestras tu regocijo, tu peque percibirá que se trata de un avance inteligente y que tú lo aprecias.
  • Los juegos compartidos como hacer pequeñas olitas en el agua o lanzar un objeto flotante por el agua le ayudarán a entender el reparto de tiempos en tareas por turnos y juegos compartidos.

Lenguaje y pensamiento

  • Las sensaciones en el agua despiertan muchas reacciones. Podemos conectar con sus expresiones, sonidos y gestos y mostrar que las hemos recibido y entendido. Así se refuerza el aprendizaje verbal, ya que la criatura capta que sus emisiones producen un efecto en las personas de su entorno y son una buena forma de explicar ideas y emociones.
  • El universo físico del agua tiene su propio léxico, difícil de aprender en otros contextos. Por eso es bueno abundar en las palabras propias de este entorno: flotar, mojar, hundirse, salpicar, frío, caliente…

Desarrollo motor

  • Quizá sea el aspecto más involucrado en el baño. La interacción con un entorno tan diferente al suelo firme ofrece numerosas posibilidades. Es una ocasión perfecta para que niños y niñas experimenten las diferencias de peso de un objeto dentro y fuera del agua, la flotabilidad, las densidades diferentes, la adherencia de objetos mojados, las sensaciones térmicas, los olores y texturas de geles y champú, la propiocepción de su cuerpo… No en vano, ¿según la historia no fue así como Arquímedes gritó «eureka»?