La rutina diaria y la incompatibilidad de horarios, en muchas ocasiones, hace imposible poder disfrutar de una comida casera en familia durante la semana. Cada vez es más frecuente entre las familias con niños en etapa escolar que los hijos se queden en el comedor de la escuela, lo que a su vez se traduce en la necesidad de saber lo que comen nuestros hijos para poder complementar su dieta en casa.

Este ajuste pasa por un correcto desayuno, merienda y cena, siempre teniendo en cuenta -en la medida de lo posible- el menú diario de los peques. En este primer artículo vamos a centrarnos en el desayuno.

¿De verdad hay que desayunar como un rey?

Bueno, el refrán popular dice: “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”, y en cierta manera la importancia de la ingesta de alimentos va en ese orden, aunque más que la cantidad hay que vigilar la calidad de los alimentos.

Lo verdaderamente importante es que el desayuno contemple tres fuentes de nutrientes:

Un alimento proteico. Suele ser un lácteo, si no se tolera bien hay alternativas como las leches o yogures sin lactosa.

Un cereal. Siempre es mejor el pan (hay panes variados y muy ricos) que cualquier galleta o producto de bollería (con azúcares añadidos). Si el niño es celíaco (no puede consumir trigo, cebada, centeno y avena) también existen panes especiales para celíacos. A la rebanada se le puede añadir un poco de aceite de oliva virgen extra, tomate, aguacate

Una fruta. Mejor acostumbrarle a tomar la pieza entera. Si no lo conseguimos, se puede tomar en zumo (¡añádele la pulpa porque tiene muchos nutrientes!). Mejor que sea recién exprimido para que no se pierdan las vitaminas, sobre todo la vitamina C, que es muy lábil.

Y para picar a media mañana…

Otro aspecto importante son las horas que pasan desde el desayuno hasta la comida. Los peques son muy activos y necesitan un aporte constante de nutrientes para aguantar toda la mañana sin pasar hambre.

Lo fundamental es que ese ‘picoteo’ entre comidas sea saludable: unos frutos secos, algún pequeño bocadillo con jamón serrano, una pieza de fruta que no le resulte incómoda de pelar (plátano, manzana, mandarinas, fresas…) y, esporádicamente, alguna galleta tostada lo menos grasa posible.