La merienda es, probablemente, la comida a la que las familias con niños pequeños prestan mayor atención después del desayuno. Hay que tener en cuenta que el ritmo que llevamos hoy en día obliga a muchos padres y madres a dejar a sus hijos en los comedores escolares, y en estos casos, hay que prestar especial atención a los alimentos de las comidas sobre las que tenemos el control.

No hace mucho desde este blog te recomendábamos cinco meriendas para peques muy activos. En este artículo se recogen algunas ideas para que estas comidas ligeras que se hacen a media tarde sean mucho más sanas y amenas para aquellos peques que no paran quietos, aunque también son consejos que se pueden extender a todos los niños en general.

El bocata de toda la vida

Entre todas las originales ideas que se plantean en ese post no puede faltar alguna para aplicar al ‘bocata’ de toda la vida. Y aunque ahí ofrecíamos algunos trucos para dar la vuelta a los clásicos rellenos, en esta ocasión vamos a reivindicarlos. Eso sí, la premisa que tenemos que mantener es que sea un relleno variado y con productos naturales.

El contenido del bocadillo lo iremos variando a la largo de la semana: jamón serrano, cocido o pavo (que contienen menos de un 10% de grasa por 100 gr.) son buenas opciones para llenar el pan de los peques. También podemos añadir de vez en cuando productos menos habituales para ellos, como las sardinillas, anchoas o bonito, intentando que se acostumbren a su sabor y textura.

Y si incluimos algún vegetal de vez en cuando aún mejor: una rodaja de tomate o algo de lechuga y cebolla. Un bocadillo de atún con tomate, aderezado con un chorrito de aceite de oliva virgen extra, es muy apetecible.

Hay que intentar evitar –o reducir a un consumo muy esporádico- los fiambres con más porcentaje de grasa, como el chorizo. Y, por supuesto, el deseado chocolate… Aunque se les puede dar un capricho de vez en cuando y, si es chocolate negro (aquellos con un porcentaje de cacao de al menos el 70%) mejor que mejor.

Para acabar, una pieza de fruta de temporada es la mejor opción, aunque también se puede alternar con algún lácteo: yogures naturales o queso fresco -con un poco de membrillo- pueden ser una buena alternativa para el ‘postre’ de la merienda.