Muchos padres y madres están continuamente preocupados por la alimentación de sus hijos -sobre todo durante los tres primeros años de vida-, bien por la cantidad que creen que deben tomar, por los alimentos que quieren que vayan introduciendo o por la rapidez con la que comen.

Hay diferentes teorías pero la que cuenta con más apoyo entre pediatras y nutricionistas es la de “no obligar nunca a comer a un niño”. Y es que es contraproducente si se les obliga a comer, ya que lo que queremos es que el niño coma, y que lo haga de manera saludable, y eso no se consigue con presión, premios ni castigos.

Con la preocupación constante de querer que coman bien, los padres caemos en algunos errores habituales:

Obligar a comer a la fuerza no es efectivo: si el niño/a no quiere comer ciertos alimentos -por ejemplo las verduras– y le forzamos a comerlos, difícilmente los elegirá él mismo.

Al obligarles alteramos la relación de los pequeños con la comida: un niño al que se le obliga a comer no disfruta de la experiencia y ve la hora de la comida como algo negativo.

Muchos padres y madres utilizan sobornos o premios para obligar a sus hijos a comer. ¡Nada de premios ni castigos!

Obligar a terminar todo el plato: genera rechazo inmediato. ¡Error!

Usar frases como “No te levantas de la mesa hasta que no te comas todo” o “Si no te lo comes, voy a tener que llevarte al hospital a que te lo den” o “Si no comes, me voy a poner triste”. Implican una manipulación emocional y lo único que se consigue es terror hacia la comida.

Recuerda que los niños aprenden por imitación: come fruta y verdura, ellos también querrán. ¡Da ejemplo!

Obligarles a comer las mismas cantidades que un adulto: es el propio niño/a el que debe decidir la cantidad de alimentos adecuada para su cuerpo. ¡Preocúpate por la calidad, no por la cantidad!

Que sea un momento familiar: hay que intentar comer todos juntos, sin tele y tablets de por medio; sin obsesionarse por lo que comen. Debe ser un momento emocional y que cree vínculo.

Es normal que los padres nos preocupemos por la alimentación de nuestros hijos: que coma poca fruta, que no tome suficiente leche, que coma más sano, etc. Lo ideal es que los padres y madres nos impliquemos en seguir una dieta saludable y que el momento de la comida no se convierta en una obsesión. Recuerda: obligar a comer no es enseñar a comer.