La lluvia es uno de los peores enemigos de los papás y mamás con hijos muy activos que necesitan su ración diaria de parque. Te damos algunos trucos para que las ‘fieras’ duerman como angelitos aunque no hayan podido salir a jugar fuera.

Para los padres de niños pequeños hablar de invierno es hablar también del ‘planes bajo techo’. La lluvia y el frío no invitan demasiado a salir al parque o a la plaza (a menos que quieras lidiar con charcos, paraguas y chubasqueros). Y aunque se puede acudir a parques con cubierta y espacios similares para que las ‘fieras’ quemen un poco de energía, no siempre es posible (…y para que engañarnos, otras veces se está más a gusto y no apetece nada salir), así que no es malo programar de vez en cuando actividades en casa para disfrutar en familia.

Este es uno de los grandes dilemas que surgen en vacaciones o los fines de semana, cuando los peques tienen más tiempo libre: ¿Qué hago para entretenerlos? (…y no vale usar la tablet, el móvil o la televisión ¡eh!). La respuesta es muy fácil: ¡recurre a los juegos de toda la vida!

Juegos infalibles: pintar, leer, manualidades…

¿Por qué no dedicar tiempo a conocer un poco mejor lo que le gusta a tu hijo? Si son lo suficientemente mayores, hablar con ellos porque te ayudará a descubrir sus necesidades y su visión del mundo. ¡Te sorprenderá su peculiar perspectiva de la vida!

A los niños les encanta pintar: crear personajes y realidades es un potente estímulo para su imaginación y fortalece su psicomotricidad. Puedes jugar a adivinar lo que está dibujando o viceversa. También puedes siluetear manos y pies o pintar con los dedos… Eso sí, en un lugar a prueba de salpicaduras (¡prepárate para empapelar todo de arriba abajo!).

Otras opciones divertidas son leer cuentos o libros infantiles; jugar a juegos tradicionales como “Veo, veo” o “Adivina adivinanza”; realizar manualidades, entre ellas moldear plastilina o hacer collages con fotografías de revistas, periódicos o catálogos. Son actividades perfectas para ejercitar la coordinación motora, cuyo único límite estará en nuestra imaginación.

La risa, en todos los casos, será tu mejor aliada ya que supone un plus saludable a todos estos juegos: ejercita los músculos de cara y abdomen; libera tensiones, fortalece el corazón, reduce la tensión arterial, oxigena los pulmones y cerebro… ¡Todo mejora con la risa!

Hacer ejercicio jugando

¡Haz que se muevan para duerman como lirones! Prueba a realizar gimnasia o ejercicios en casa pero planteados como pequeños juegos: bailar al ritmo de la música o jugar al “pillapilla” (para hacer cardio); pasarse un pelota de uno a otro (para ejercitar los brazos… ¡Cuidado con el jarrón de la abuela!) o hacer algunos ejercicios básicos de yoga o estiramientos (perfecto para relajarse) pueden ser algunas de las muchas opciones que existen.

Un juego muy divertido es hinchar dos o tres globos de distintos colores, asignar un color a cada niño; lanzarlos y evitar que toquen el suelo. Es una actividad que ayuda a la coordinación y con la que ejercitas muchos músculos del cuerpo.

¡Con las manos en la masa!

Cocinar con los niños puede convertirse en una actividad de lo más divertida. Elige una receta no muy complicada y déjales que se embadurnen de harina (en sentido figurado). Cocinar es sinónimo de aprender: responsabilidad, colaboración y dieta equilibrada, son algunos de los valores que se pueden enseñar en la cocina.

Los niños en la cocina pueden ser muy creativos (¡pero no les dejes añadir chocolate a todos los platos!) y en este espacio pueden empezar a familiarizarse con recetas saludables a base de frutas y verduras: ¿por qué no comienzas con una brocheta de frutas de postre? Más adelante le puedes explicar cómo se hace un puré de verduras o qué puedes incluir en una ensalada (casi cualquier alimento que se te ocurra).

Estos son solo unos ejemplos de los muchos juegos y actividades que se pueden hacer en casa para divertirse en familia. ¿Cuáles pones en práctica con tu familia? ¿Tienes algún truco para que a tus hijos se les pase la tarde volando? ¡Cuéntanoslo!