Hay pocos productos tan sanos, sabrosos y fáciles de preparar como el espárrago. Es una hortaliza muy agradecida en los platos y suele combinar muy bien con todo tipo de carnes y pescados. Hay dos grandes variedades: el verde o triguero y el blanco.

En este caso vamos a darte unos cuantos trucos y consejos para disfrutar al natural de los espárragos blancos.

Ingredientes

10-12 espárragos frescos

10 gr. de sal

3 gr. de azúcar

2 litros de agua

Preparación

Lo primero lava y seca bien los espárragos, aunque suelen venir bastante limpios de tierra nunca está de más darle un repaso antes de empezar a cocinar. Después, pélalos desde la yema al fondo del tallo (mejor si lo haces con un pelador de frutas y verduras) sacando solo la piel superficial.

Una vez pelados, hay que cortar parte del tronco. El mismo espárrago te dirá por dónde partir: si presionas ligeramente unos 4 cm hacia arriba desde el final de tallo, notarás que cede.

En una cazuela alta (la que usas para la pasta, por ejemplo), echa 1/2 cucharadita de sal y 1/4 de azúcar por cada litro de agua que necesites para la cocción. Los espárragos deben quedar cubiertos hasta donde empieza la yema.

Cuando comience a hervir ligeramente (¡no a borbotones!), introduce los espárragos para que queden en vertical. Si la cazuela no permite cocerlos en esta posición átalos con una cuerda (sin presionar mucho para que no se dañen).

Deja que el agua hierva de nuevo y entonces contamos 10-15 minutos, según el grosor del espárrago. Comprueba, una vez trascurrido el tiempo, que el espárrago está bien hecho pinchándolos con un tenedor. Es importante no pasarnos de cocción para que los espárragos no queden aguados y con mal aspecto.

Apagamos el fuego, retiramos la cazuela y volteamos el manojo para que el agua cubra las yemas también. Dejamos otros 5-10 minutos para que se terminen de hacer.

Podemos consumirlos tibios o a temperatura ambiente. Y ahora llega lo mejor, disfrutarlos en la mesa con un chorrito de aceite y un poco de sal especial.