Los hongos son productos típicos del otoño. Aparecen en montes y bosques con las primeras lluvias que llegan tras los meses de verano, convirtiéndose en uno de los alimentos estrella de esta época. Existen infinidad de variedades, cada una con sus sabores y propiedades, pero todas tienen algo en común: que hay que limpiarlas antes de consumirlas.

Lo primero que hay que hacer es separar el tallo o pie. Para ello hay que girar con delicadeza el pie hasta que se desprenda del sombrero. A continuación, con ayuda de un cuchillo, retiramos la corteza del tallo, eliminando así la tierra o suciedad.

Posteriormente pasamos a limpiar el sombrero utilizando un paño húmedo. Conviene hacerlo con agua fría, para evitar que el hongo se estropee. Además, no se recomienda sumergir los hongos en agua para que no absorban demasiada humedad (hay que tener en cuenta que ya se componen en 90% de agua) y pierdan su sabor.

Por otro lado, para evitar que suelten agua al cocinamos: usa una sartén bien caliente, no los muevas demasiado y no agregues sal durante el cocinado, para que no se deshidraten.